jueves, 2 de junio de 2011

Por llegar atrasado. (Décimas por Travesura)

El llegar siempre atrasado
Es una mala costumbre,
Que hace de la incertidumbre
El más peligroso aliado.
Si la cosa ya ha empezado
Tome posición sensata,
Prevenga bien las erratas
Pues en más de una ocasión
Una simple intervención
Sirve pa’ meter la pata.

En un pueblito rural
Un cura… de esos de antaño,
Cumplió veinticinco años
De misión sacerdotal.
La población en total
Celebró tal ocasión
Y se fue con devoción
A la iglesia a toda prisa
Para ir a escuchar la misa
Como ya era tradición.

Era un domingo aquel día
Que el cura se celebraba,
Y en el púlpito exclamaba
Su más ferviente homilía.
“Hoy me embarga la alegría
De ver a toda esta gente
Reunida cortésmente
En este templo sagrado
En el cual he trabajado
Hasta este día presente”.

“A pesar que mis inicios
En esta humilde capilla
No fueron de maravilla
Para cultivar mi oficio.
Para mi fue un sacrificio
Ver que en todo este poblado
En vez de estar ordenados
Como Cristo había vivido
Estuvieran sumergidos
En el placer del pecado”.

“Dentro de mi anecdotario…”
Siguió imperturbable el cura,
“tengo en mi mente segura
Mil casos extraordinarios.
Un día al confesionario
Llegó un hombre temeroso,
Tiritón y quejumbroso
Que me dijo muy confuso:
Señor Cura, yo me acuso
De un pecado escandaloso”.

“Sin duda nervioso estaba
Yo al igual que ese Señor,
Porque todo su temblor
En la iglesia resonaba.
Primer vez que confesaba
A un hombre para limpiar
Su alma y así probar
Que yo era un hombre discreto
Para guardar los secretos
Y los chismes del lugar”.

Me dijo el hombre en cuestión:
“Soy presa de los placeres,
Pues estoy con dos mujeres
Teniendo una relación.
De hijitos tengo un montón
Por el mundo repartidos,
Soy el peor de los partidos
Porque todo lo que gano
Se me escapa de las manos
En lugares mal habidos”.

“En la cantina del pueblo
Ya no me venden ni fiado,
Porque hace un mes no he pagado
Y con un vaso me endeblo.
Hoy mis palabras amueblo
Para que suenen bonitas,
Porque mi alma necesita
Sin duda, más de un castigo,
Por eso, Padre, le digo
Que su perdón me permita”.

“Creí que no acabaría
De contarme sus penurias,
Y en un arrebato e’ furia
Le dije al que me pedía:
¡Reza quince Ave María
Y diez Padre Nuestro más!,
Y me metí pa’ detrás
Del comedor de la iglesia…
Después de palabras necias
Sólo quise hallar la paz”.

“Pero luego entré en razón
Y pensé en forma más sana
En que una sola manzana
No pudre todo el cajón.
Tal vez esta población
No es mala… si no al revés,
Mi opinión daré después
En cuanto encuentre algún modo
Y no he de juzgar a todos
Por un solo feligrés”.

Cuando aquel cura, imparable
A todos se dirigía
A la fiesta llegaría
El alcalde… el honorable.
Todos gritaron ¡Qué hable!
Y él dijo: “Con mucho gusto,
No he de causar un disgusto
Menos en esta ocasión
Y al Padre pido perdón
Por haber llegado justo”.

“Queridos conciudadanos,
Me honra poder celebrar
A un sacerdote ejemplar
Entre todos sus hermanos.
Hombre, guía, dulce y sano,
De la doctrina muy fiel,
He de ponerle un laurel
Porque entre todos me noto
Ya que fui el primer devoto
Que se confesó con él”.

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